La conocida como Guerra de los Cien años, que se prolongó desde 1337 hasta 1453, enfrentó a Francia e Inglaterra por los intereses sucesorios en los territorios controlados por la monarquÃa inglesa en zona francesa desde el siglo XII a raÃz del matrimonio entre el Conde de Anjou con Leonor de Aquitania. Desde luego, no han faltado historiadores, cineastas y novelistas que han regresado una y otra vez a este conflicto, en el que participó también el Reino de Castilla, y que se cerró con la definición de la frontera francesa. Ahora, los videojuegos también deciden tratar este conflicto.
Fue el estudio nipón Omega Force, para Koei, quien dé el paso de desarrollar Bladestorm: The Hundred Years’ War, la adaptación a videojuego de este conflicto, revisado desde una perspectiva que hace concesiones sin miedo al lenguaje del entretenimiento electrónico dejando, en realidad, todo rigor histórico fuera de la cuestión. Y es que hay que tener en cuenta que es éste un juego con importantes aspectos de acción sin olvidar la estrategia, muy en la lÃnea de lo que se puede ver en los Dynasty Warriors de la compañÃa. Claro, Dynasty Warriors vende sorprendentemente bien en el mercado asiático, pero no han conseguido despegar en Europa pese a tener una base de fieles aficionados respetable. La opción lógica parecÃa dar el salto a conflictos occidentales, y revisar conceptos para otorgarle una personalidad y jugabilidad propias.
Quizás el principal problema al que va a tener que hacer frente este tÃtulo es que por estas tierras se realiza una fuerte asociación entre este tipo de contextualización y un género muy especÃfico, que no es sino la estrategia en tiempo real para PC. Eso sÃ, es éste un juego de estrategia en el que vamos a tener un control directo sobre nuestros ejércitos, pudiendo tanto luchar en el bando de los franceses como en el de los ingleses. Y es que vamos a controlar a un grupo de mercenarios que podrán escoger contratos especÃficos que podremos seleccionar por simpatÃa, dinero, o situación de la contienda, de manera que la acción y la estrategia se equilibran razonablemente bien mientras controlados a nuestro escuadrón de militares en pleno campo de batalla.
El primer paso del jugador consiste en crear a su personaje, con algunas opciones amplias pero no tan extensas como en algunos de los juegos que hemos visto en esta generación, como bien pueden ser el reciente Mass Effect u Oblivion, si bien es cierto que estamos hablando de géneros diferentes. En Bladestorm podremos escoger el sexo, rostro y tipo de voz (con tres tonos, a cada cual más insoportable) con unas opciones predefinidas que, sin ser muchas, resultan suficientes para lo que va a proponernos el juego. El resto de opciones de configuración del personaje ya se deciden, acto seguido, desde las primeras conversaciones que mantenemos, de manera que se integra ya en la propia acción del juego, resultando bien integrado en el desarrollo mientras hablamos con el tabernero.
Es muy posible que, puesto que hay varios juegos en el mercado que dan opciones de personalización del personaje mucho más amplias, tanto a nivel fÃsico como a caracterización de trasfondo y habilidades, a algunos les parezca que este tÃtulo es escaso y simplón en esta faceta, pero lo cierto es que, insistimos, para la que es su propuesta jugable esto es más suficiente para proponer algunas diferencias de desarrollo interesantes que pueden potenciar la rejugabilidad. Todo ello, ya lo hemos dicho, bastante bien integrado en el desarrollo de esos primeros momentos del juego, a través de un local al que regresaremos múltiples veces ya sea con la intención de reclutar nuevos compañeros, conseguir mejor equipamiento, o buscar nuevas misiones.
De hecho, la estructura básica va a girar en torno a aceptar una misión en dicho lugar y avanzar en el juego siguiendo la lÃnea que más nos interese en cada situación y que puede llevarnos, incluso, a combatir junto a alguno de los importantes personajes históricos de cada uno de los
bandos, como por ejemplo la Doncella de Orleans, o el PrÃncipe Eduardo. Ninguna de sus recreaciones es muy fiel, al igual que hay amplias libertades creativas en el campo de las tropas que pueden sumarse a nuestro grupo. Y es que podremos contar con soldados normales, arqueros, espadachines, caballeros, y algunos bastante exóticos en la lÃnea de AnÃbal. La ventaja es que esto consigue otorgar una variedad muy elevada al conjunto de hombres que manejaremos, aportando un factor estratégico muy importante a la composición de nuestra tropa.
Uno de los problemas que nos podemos encontrar es que, si fracasamos, tendremos que volver una vez más a la taberna, volver a establecer el contrato, y empezar todo de nuevo, lo que puede ser un poco frustrante cuando nos encontremos con alguna misión compleja y/o extensa y nos toque rehacer todo el camino, cuando se podrÃa haber solucionado con la habitual opción de volver a intentarlo. Más preocupante es, eso sÃ, que las misiones suelen ser en muchas ocasiones del tipo de conquistar una fortaleza o zona concreta del escenario… y en realidad llega a ser repetitivo en extremo, y sin un toque de variedad más destacado puede acabar resultando algo pesado.









